Diariamente, nuestra actividad está centrada en prevenir y dar tratamiento a las enfermedades periodontales, de las encías y el hueso para frenar la pérdida ósea y que nuestros dientes se mantengan en la boca, sanos y cumpliendo sus funciones y su estética. Pero en muchas situaciones, los pacientes acuden a la consulta cuando la situación periodontal ya resulta irreparable y, en ocasiones, su testimonio es el de que no hay hueso para poner implantes dentales.
Siempre que hay una ausencia dental debemos preguntarnos qué la ha provocado y si es posible evitar que vuelva a suceder. Esto es fundamental cuando existe enfermedad periodontal. Antes de valorar una rehabilitación con implantes debemos evaluar si existe la enfermedad, en qué estadío se halla e intentar darle tratamiento adecuado para que no avance. Al ser un problema en el soporte —sobre el hueso y la encía que sujeta los dientes—, si esta patología no se trata afectará también al implante que coloquemos para sustituir a la pieza perdida.
Este es el primer paso para responder a la pregunta de si puedo ponerme implantes si tengo poco hueso. Una vez identificada y tratada la enfermedad periodontal, disminuiremos enormemente la posibilidad de padecer problemas en los implantes.
Es muy importante realizar un estudio periodontal antes de tomar ningún tipo de decisión sobre la rehabilitación. En este se valorará el nivel de hueso en toda la boca, el volumen de encía, si está inflamada o no… Trataremos de identificar posibles desencadenantes de la enfermedad, como un posible origen microbiológico, realizando un análisis para comprobar si existen bacterias que por su presencia o por su cantidad estén empeorando la pérdida de hueso; los hábitos de higiene del paciente, que deben resultar adecuados al estado de su boca; hábitos tóxicos como el tabaco…
De una forma muy gráfica, a mí me gusta explicarlo así: «Antes de construir tenemos que tener un terreno estable y en condiciones».
La ayuda de la tecnología
La odontología de la última década ha evolucionado muchísimo y hoy día podemos dar soluciones más sencillas a casos de grandes atrofias maxilares u otras situaciones en las que exista poco hueso.
En primer lugar, gracias a la tecnología 3D podemos estudiar el volumen exacto de hueso que tenemos y que necesitamos. A partir de ahí ya es posible decidir si es necesario y cómo podemos recuperarlo.
Una gran aliada para estas situaciones de pérdida de hueso es la cirugía dental guiada. Esta nos permite manejar los casos en los que necesitamos ‘ganar’ hueso, convirtiéndolos en un proceso más predecible y seguro.
En muchos pacientes se puede minimizar la intervención, ya que así podemos planificar primero la posición de los implantes antes de operar.
La tecnología nos ayuda a que los procesos de rehabilitación mediante implantes dentales sean cada vez más conservadores con el tejido, menos invasivos y, por tanto, menos dolorosos, aunque existen situaciones de gran atrofia donde tendremos que recurrir a técnicas de injerto o regeneración que, aunque se minimizan los postoperatorios, siguen siendo molestos.
Como siempre insisto, lo más importante es prevenir, tanto la pérdida de la pieza dental como la pérdida del implante que la sustituya. Así que la respuesta es que sí se pueden colocar implantes aunque haya poco hueso, pero siempre que las condiciones sean las adecuadas.
El estudio previo de cada caso concreto resulta determinante para que el profesional pueda tomar la decisión más adecuada, minimizando las molestias para el paciente y garantizando los resultados.