Salud es sinónimo de equilibrio y bienestar, y, por supuesto, cuando hablamos de salud bucodental lo hacemos de alcanzar ese equilibrio, que será lo que nos permita tener una boca sana, funcional y bonita.
Pero el recuerdo de las antiguas técnicas de tratamiento y la asociación del dentista con el dolor hacen que buena parte de la población renuncie a ese equilibrio y no adopte las soluciones necesarias para encontrarlo.
Miedo, pereza y motivos económicos son las “justificaciones” más habituales que nos dan día a día los pacientes en consulta. Y nosotros, como profesionales, debemos respetarlas y facilitar el alcance de la salud.
Sabemos que la caries dental y la enfermedad periodontal —de las encías y el hueso que rodea a los dientes— figuran entre las patologías más frecuentes en el adulto mayor. En situaciones avanzadas, estas producen la pérdida de piezas dentales.
Este desequilibrio provoca que el resto de la boca tenga que readaptarse y, como consecuencia, empiezan a mermarse las funciones, la salud y la estética. Por eso, en el artículo de hoy me gustaría enfatizar la importancia de la prevención.
Y para prevenir bien, hay que saber cómo hacerlo.
Todo cambia: la boca evoluciona con nosotros
A medida que vamos creciendo, nuestra boca va cambiando. No tenemos los mismos hábitos alimentarios cuando somos niños, durante la adolescencia o en la vida adulta. Y, a lo largo de la vida adulta, estos tampoco serán siempre los mismos.
Las superficies de los dientes se modificarán, así como las encías que los rodean, apareciendo retracciones dentales a medida que envejecemos. Por lo tanto, la prevención deberá adecuarse a cada momento de nuestra vida.
De la misma manera, en función de los hábitos que tengamos —por ejemplo, en pacientes fumadores—, se indica hacer más revisiones anuales que en aquellos que no fuman.
Lo mismo ocurre si sufrimos distintas patologías que tienen manifestaciones en la boca, como la diabetes mellitus, que sabemos que se asocia con más frecuencia a enfermedades periodontales.
También son muchos los fármacos que producen efectos secundarios sobre la boca, como algunos antihipertensivos, que provocan una mayor inflamación de las encías.
Asesoramiento profesional
El profesional odontólogo, junto con el técnico en higiene bucodental, deberá ser quien nos enseñe a prevenir en todas las etapas de nuestra vida y también ante las distintas situaciones y modificaciones que sufrirá nuestro cuerpo.
Ellos son quienes nos indicarán cuántas veces debemos revisarnos al año, cuáles son las técnicas de cepillado más adecuadas y cuáles son los productos de higiene dental que debemos utilizar.
Es nuestra responsabilidad, como pacientes, utilizar las herramientas de autocuidado que los profesionales nos señalan y acudir a las visitas recomendadas.
Porque uno de los mejores propósitos de año nuevo es cuidarnos y buscar ese equilibrio de salud.
Los fumadores deberán hacerse más revisiones, pues el riesgo de enfermedad periodontal es mayor.
Hay fármacos, como algunos antihipertensivos, que también ocasionan una mayor inflamación en las encías.