La sensibilidad dental es un problema muy frecuente en la consulta dental. Diariamente, vemos a varios pacientes que nos visitan buscando una solución a este problema que se manifiesta como una molestia o dolor intenso y punzante, que no se localiza bien y que se percibe por primera vez como reacción ante un alimento o bebida fría.
¿A qué se debe?
Para entender este síntoma debemos conocer un poco de la anatomía dentaria. Los dientes se estructuran en varias “capas”. De dentro hacia fuera encontramos: la pulpa dental, un tejido que agrupa todos los nervios y vasos sanguíneos; la dentina, que aporta el color a los dientes y recubre el nervio en la parte visible; y por último, el esmalte dental, con una disposición semejante a un cristal. Conectando unas estructuras con otras se hallan los túbulos dentinarios, a través de los cuales se transmiten los estímulos del exterior al nervio dental.
La sensibilidad dental aparece cuando, ante un estímulo externo —mayoritariamente frío, como alimentos, bebidas o incluso el propio viento—, se presenta un dolor agudo que cesa a los pocos minutos de interrumpirse dicho estímulo. El dolor será más o menos intenso según lo ensanchados que estén los túbulos que comunican el esmalte con el nervio dental y según el umbral de dolor del paciente.
Son muchos los motivos que provocan este ensanchamiento de los túbulos. Cualquier desgaste del esmalte o la dentina aumentará la sensación de sensibilidad: cepillado agresivo, apretamiento dental, o erosión por la ingesta frecuente de alimentos o bebidas ácidas son algunas causas habituales que ocasionan síntomas de sensibilidad e incluso dificultan hacer una vida normal.
Tratamiento
El tratamiento de la sensibilidad será duradero y estable a largo plazo si logramos identificar la causa que la provoca. Si el problema se debe a un cepillado muy agresivo o al uso de un cepillo o pasta dentífrica inadecuados, se generan pequeños desgastes en el esmalte que facilitan la llegada de los estímulos al nervio. En estos casos será fundamental corregir la técnica de cepillado y el tipo de cepillo o pasta para que los síntomas mejoren y no se desencadenen otros problemas mayores.
Otra situación frecuente se da en pacientes cuyo esmalte está muy desgastado por apretamiento dental. En estos casos será necesario buscar soluciones que devuelvan la protección al nervio, procurando el sellado de los túbulos. Según el alcance de la lesión, se elegirá una solución más o menos conservadora sobre el tejido dental.
Una solución conservadora muy común, pero efectiva únicamente cuando el desgaste es leve, es la utilización de pastas dentífricas o geles —de venta habitual en farmacias o parafarmacias— que sellan los túbulos de forma temporal. Sin embargo, hay muchos casos en los que esta medida no es suficiente. En estas situaciones se pueden aplicar en la consulta barnices con mayor capacidad de sellado, o incluso resinas u otros materiales rehabilitadores.
Un aspecto importante es no confundir el dolor por sensibilidad dental con el dolor por caries, ya que ambos pueden compartir síntomas, pero requieren tratamientos distintos. Por ello, es recomendable acudir al odontólogo cuando se perciban síntomas de sensibilidad.
Las pastas o geles dentífricos específicos para sensibilidad dental solo funcionan cuando el alcance de esta es leve. En casos más graves debe ser el odontólogo quien decida cuál es la mejor solución.